desde el siglo en que partiste hasta el largo día de hoy.
Pueden ser casualidades u otras rarezas que pasan,
pero donde quiera que ando todo me conduce a ti.
No exagero si te cuento que le hablo a tu fantasma,
que le solicito agua y hasta el buche de café.
En días graves le he pedido masajes para mi espalda
(los peores ni te cuento, porque no vas a creer).
Ya no sé si lo que digo realmente nos hace falta.
Hoy no es día inteligente y no sé ir más allá.
Pero cuando puedas vuelve porque acecha tu fantasma
jugando a las escondidas y yo estoy muy viejo ya.

No hay comentarios:
Publicar un comentario