Ahora soy maestra
y puedo enamorarme...
de un alumno,
tener un vestido verde
y unos zapatos rojos,
desafiar al blanco
que me queda tan bien.
Ahora puedo esperar
en cualquier sitio,
encontrar anónimos
en mi cartera,
"maestra, la amo"
y no asombrarme
porque sé quien los escribe.
Las voces se parecen
a las voces de ese piano,
no hay lluvia,
ni espejos, ni pantanos.
Sólo un alumno
que alarga el cuaderno
y tímido pregunta ¿acerté?
rozandome el brazo tibiamente.
1990
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